viernes, 26 de octubre de 2007

Gore, Gore,... que te pillo.

Recordarán Vdes., sin duda, el viejo clásico de Delmer Daves El árbol del ahorcado. George C. Scott interpretaba el papel de un predicador histriónico y apocalíptico en un a tierra de colonos y buscadores de oro.
¿Y por qué me acuerdo yo ahora de esto? Pues no sé, pero sospecho que Al Gore tiene algo que ver.
Mi autoridad científica en el asunto del calentamiento global, el cambio climático y todo eso, viene a ser aproximadamente la misma que la de mi perro, pero suelo practicar la humana facultad de la reflexión, cosa que hasta el momento, mi perro no ha podido hacer.
Vaya por delante el respeto debido a toda persona que tenga la condición de tal, pero hay algunas cosas en la actitud de este tipo que hacen chirriar el engranaje de esa gigantesca máquina mercadotécnica que ha puesto por medio, por más que no le falten razones para avalar lo que propugna. O al menos, parte de ello.

Esta arenilla es la que hace sonar los rodamientos:
- Como vicepresidente de Clinton, Al Gore no se adhirió al protocolo de Kyoto. Recordemos que EE.UU. es el país más contaminador del mundo.
- No ha desmentido ni justificado que el gasto energético de sus propiedades inmobiliarias supere en veinte veces el de cualquier familia media.
- En sus conferencias, por las que viene cobrando 200.000 euros (o dólares, tanto da), no permite turno de preguntas.
- Numerosos puntos de su obra de divulgación han sido rebatidos por buena parte de la llamada comunidad científica.

Con estos precedentes, aquí el pollo viene a decir que ojo, que la Florida se hunde, que si el CO2 y que si el efecto invernadero. Los progres se arroban escuchando un discurso por el que han pagado 1.200 euros, en el que no pueden plantear dudas, y cuando el orador termina, recoge su puntero y sus filminas, pone la mano y se va en su jet privado (cuyos tanques de combustible creo que están llenos de agua destilada), acompañado de tres o cuatro personas más, y pone rumbo al siguiente salón de congresos.
A mí me parece lícito y perfecto que este personaje (¿se han dado cuenta de que ha engordado lo menos 150 kg. en los últimos diez años?) haya encontrado en la portavocía -que decide arrogarse- de un problema planetario, el filón de su vida, siempre que haya gente dispuesta a subirle a los altares de la ecogloria. Haber logrado colocarse en este nivel, es un mérito que no debemos negarle. Pero yo digo aquello de que la mujer del césar no sólo tiene que ser honesta, sino parecerlo.

Espero que por su discurso tras haber recibido el Príncipe de Asturias, le haya hecho una rebajita a la Fundación.

6 comentarios:

Cerillo dijo...

Los políticos toman conciencia de lo que sea cuando dejan el cargo y rentabilizan su influencia en general predicando unos discursos pulcros y medidos. No sé si la tienen conciencia, si se da el caso será a su medida.
La revolución ecológica si tiene alguna oportunidad será desde la conciencia y humildad de cada ciudadano. De esto estoy bien seguro,

Sir John More dijo...

Ahí le has dao, Amart. A este tipo lo hace bueno Bush, pero así cualquiera... Todo, todito, todo es dinero a esos niveles. Un abrazo global.

FPC dijo...

'tás sembrao chaval...
Un abrazo

Tawaki dijo...

Lo diseccionas con tu bisturí habitual, dejando las entrañas al descubierto. Como ya he dicho en otra ocasión, se trata de un lobo con piel de cordero.

Abrazos,

Anónimo dijo...

Querido Amart estas entradas deberían ser columnas diarias en un medio de comunicación que las mereciese. Destilan un sanísima mala hostia. Están estupendamente escritas. Y siempren dan en el blanco. Hoy en el blanco seboso.
Un abrazo, maestro.

amart dijo...

Gracias a todos por vuestras aportaciones, sin las que este cuaderno no tendría más sentido que el de un diario personal (y en ese caso ya se habría cerrado definitivamente; ya no tengo edad para esas cosas). Si sigo escribiendo es por el placer de hacerlo, por intentar dar en el morro a quien va de socio y, sobre todo, por compartir textos con vosotros como vosotros hacéis conmigo -y de lo cual me beneficio enormemente-.
Gracias especialmente a ti, DR, por tus palabras, que me agradan en la misma medida que me abruman. Lo digo en serio.
Un abrazo a todos.