
Parece hecho a propósito, pero puedo asegurar que no: es la última entrada del año, y escribo para comunicar a quien la esté leyendo, mi primera exposición del que viene. Me hubiera gustado hacerlo con un poco más de antelación, pero me han confirmado la fecha hace apenas un par de días.
Siempre he creído que exponer es exponerse, y eso produce una rara sensación, mitad ilusionante, mitad pudorosa. Sin embargo, lo cierto es que la creación, cualquier creación, tiene las alas rotas si el autor no la aleja de sí.
No voy a explicar ni definir la obra que expongo, hace mucho que renuncié a explicar algo que no me corresponde, por muy padre de la criatura que uno sea. Allá quien lo vea y quiera convertirse, como es mi deseo, en cómplice. Sólo diré que el lema que la inspira no es caprichoso.
Aprovecharé esta última entrada del año para agradecer la fidelidad de los fieles y la eventualidad de los eventuales; el afecto de mis amigos y el silencio de quienes no tienen nada que decir.
Con mis sinceros deseos de felicidad para todos ellos en 2008 (joder, qué manida, la frasecita...)